17 Feb Mikhail Shaidorov, el nuevo campeón olímpico de patinaje artístico tras el inesperado tropiezo de Ilia Malinin
Un oro inesperado en el patinaje artístico olímpico
Isabel Arroyo Sauces

Mikhail Shaidorov muerde su medalla de oro: Threads.
La final olímpica de patinaje artístico masculino dejó una de las grandes sorpresas de los Juegos. Mikhail Shaidorov se proclamó campeón olímpico contra todo pronóstico en una competición marcada por el inesperado fallo de Ilia Malinin, el gran favorito al oro, que terminó relegado a la octava posición. Un desenlace que alteró todas las previsiones y recordó, una vez más, que en el patinaje artístico olímpico nada está decidido hasta el último elemento.
Nadie esperaba que Ilia Malinin no fuese campeón olímpico y mucho menos, que quedara fuera del podio
Ilia Malinin parece que es uno de los elegidos. En condiciones normales, ejecuta el cuádruple axel sin despeinarse y para rematar la faena, introduce en sus programas un mortal atrás que no da puntuación en el código, pero sí mucho espectáculo para los aficionados. Tanto es así que entre el público contaba ni más ni menos que con Simone Biles y su marido para animarlo. Sin embargo, las medallas olímpicas no premian al más talentoso de forma innata, sino a los tres que mejor ejecutan su programa en el momento y consiguen más puntuación.
Ilia Malinin y el peso del favoritismo olímpico

Ilia Malinin, decepcionado al terminar su programa libre: RTVE.
Ilia Malinin llegaba a la final olímpica como el gran nombre propio del patinaje artístico masculino. Su capacidad técnica, asociada a una dificultad inédita y a una regularidad casi incuestionable en las grandes citas previas lo había convertido en el principal candidato al oro. Precisamente por eso, su actuación estuvo marcada por una presión añadida: la de cumplir unas expectativas que parecían no admitir margen de error.
El destino decidió que Ilia Malinin demostrara ser también humano el día menos indicado
La final destacó por la cantidad de errores y caídas que hubo dentro del último grupo de patinadores, los favoritos al podio. Competiciones así abren el debate a los espectadores ya que muchos se cuestionan si merece la pena arriesgar con tantos cuádruples y tanta dificultad para luego fallar y tener un programa lleno de caídas: ¿No sería mejor volver a lo seguro y ejecutar un programa más fácil pero más limpio? Otros, por supuesto, se aferran al dicho de «quien no arriesga no gana».
Más allá del desenlace, su actuación no invalida una trayectoria que ha marcado una época reciente del patinaje artístico masculino. Lo que sí explica es por qué los Juegos Olímpicos siguen siendo el escenario donde incluso los grandes favoritos deben empezar de cero. No obstante, Malinin se va a casa con el oro en la prueba por equipos.
Mikhail Shaidorov, el oro que se construyó sobre el hielo

Ilia Malinin felicita a Mikhail Shaidorov por su oro olímpico: RTVE.
Mikhail Shaidorov aprovechó una final abierta y cargada de tensión para firmar la actuación más sólida de su carrera. Sin llegar como favorito (partía de la quinta posición en el programa corto) y lejos del foco mediático que rodeaba a otros nombres, el patinador kazajo supo gestionar el momento con una combinación de seguridad técnica, concentración y madurez competitiva que marcó la diferencia cuando más importaba.
Mikhail Shaidorov ejecutó el programa libre más limpio de la competición y obtuvo su recompensa
En una final donde los errores penalizaron sin concesiones, Shaidorov destacó precisamente por ejecutar con limpieza cinco cuádruples en lugar de los dos que tenía planificados. En el patinaje artístico olímpico, esa regularidad suele ser tan decisiva como la dificultad y su programa fue un ejemplo de cómo la consistencia puede imponerse en un escenario de máxima presión. Tanto es así que el octavo puesto de Ilia Malinin no fue la única sorpresa de la noche. Japón completó el podio. Kagiyama Yuma se llevó la plata como era de esperar, pero Sato Shun partía desde el penúltimo grupo y acabó ganando el bronce.
El oro olímpico no sólo premió una actuación concreta, sino también una trayectoria construida con discreción y trabajo constante. Shaidorov encarna una de las grandes esencias del olimpismo: la posibilidad de que, en el momento justo, un deportista preparado aproveche su oportunidad y transforme una final imprevisible en el mayor logro de su carrera. Tuvo suerte, tuvo su día, sí. Sin embargo, el demérito de los demás no le resta ni un ápice a su mérito propio. Oro justamente ganado. Se lo merece.
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