01 May Francesca Lollobrigida: de la maternidad al oro olímpico en Milán-Cortina 2026
¿Quién dijo que ser madre y campeona olímpica son dos cosas incompatibles?
Isabel Arroyo Sauces

Francesca Lollobrigida celebra su medalla de oro en Milán-Cortina 2026 con su hijo Tommaso: Women’s Health.
En el deporte de élite, cada ciclo olímpico exige llevar el cuerpo y la mente al límite. Para Francesca Lollobrigida, ese camino tuvo, además, un punto de inflexión que va más allá de lo deportivo: la maternidad. Lejos de suponer un final, se convirtió en parte de su regreso. Sus oros en los Juegos de Milán-Cortina 2026 no solo habla de rendimiento, sino también de una forma distinta de entender la carrera de una deportista.
La sobrina-nieta de Gina Lollobrigida ha sido doble campeona olímpica en patinaje de velocidad siendo madre de un niño de tres años
Su apellido es popular en el séptimo arte y no es para menos. La patinadora es sobrina-nieta de Gina Lollobrigida, actriz musa del cine italiano durante los años 50 y 60. Ella no siguió los pasos de su tía-abuela. Sin embargo, en los últimos Juegos Olímpicos de Invierno, celebrados en su país, completó una actuación de película. Francesca también es una estrella.
Francesca Lollobrigida en Milán-Cortina 2026

Francesca Lollobrigida luce orgullosa la bandera de Italia: RTVE.
Para Francesca Lollobrigida, participar en unos Juegos Olímpicos de Invierno no era ninguna novedad, pues ya había formado parte de la delegación italiana en Sochi 2014, Pyeongchang 2018 y Pekín 2022, habiendo logrado en esta última edición la plata en 3.000 metros y el bronce en la salida en grupo. No obstante, competir en casa es siempre un aliciente y más, con un espectador tan especial como su hijo Tommaso. Y es que la patinadora de velocidad era una de esas mujeres que amaba su disciplina, pero tampoco quería renunciar a su deseo de ser madre. Nadie dijo que fuera fácil, pero ella apostó por todo.
El oro de los 3.000 llegó el día de su cumpleaños y lo celebró con su hijo Tommaso en brazos
El día en que se disputaba la final de 3.000 metros, Francesca Lollobrigida cumplía 35 años. Como autorregalo de cumpleaños, una medalla de oro que consiguió frente a la patinadora noruega Range Wiklund. Este oro también trajo consigo un récord olímpico de 3:54.28. Por supuesto, la primera persona con la que quería celebrar su triunfo fue con su hijo Tommaso, de tres años. Un cumpleaños redondo, no hay duda.
Poco tiempo le dio a Lollobrigida para celebrar su gesta ya que en breve tenía otra competición: la de 5.000 metros. En las últimas vueltas, parecía estar agotada, pero nada la frenaba para imponerse a sus mayores rivales. Finalmente, volvió a subir al escalón más alto del podio haciendo sonar en el pabellón de nuevo el Himno de Italia. Esta vez, no pudo acompañarla el pequeño Tommaso. Y es que la fecha de la carrera coincidió con el Carnaval y todo el mundo sabe la ilusión que le hace a los niños disfrazarse, así que prefirió que el niño se fuera con sus amiguitos a celebrarlo.
La maternidad en el deporte de élite

Imagen de un bebé: RF.
Durante años, la maternidad ha sido percibida en el deporte de élite como una pausa difícil de gestionar. Lo es: la exigencia física, los tiempos de recuperación y la presión competitiva han contribuido a esa idea de incompatibilidad. Sin embargo, cada vez más atletas están cuestionando ese relato. Hacen malabares con el tiempo, pero lo acaban consiguiendo. En el caso de Francesca Lollobrigida, la maternidad no marcó un límite, sino un proceso distinto dentro de su trayectoria. Su regreso al máximo nivel refleja una realidad que empieza a abrirse paso en el deporte: es posible volver, competir y ganar después de ser madre, aunque el camino no sea lineal.
La maternidad se percibe en el deporte de élite como una pausa difícil de gestionar porque lo es más allá de los romanticismos
Más allá del rendimiento, estas historias también están cambiando la percepción del éxito. Ya no se mide sólo en medallas, sino en la capacidad de sostener una carrera en condiciones que durante mucho tiempo no se contemplaban dentro del alto rendimiento. Aun así, el contexto sigue siendo exigente. La conciliación, el apoyo estructural y la gestión del tiempo continúan siendo desafíos reales para muchas deportistas. Por eso, cada caso como el de Lollobrigida no sólo tiene un valor deportivo, sino también simbólico: amplía los límites de lo que se considera posible dentro del deporte de élite.
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