10 Jul Selección española vs. Miguel Ángel Blanco: cuando un país dejó a un lado sus diferencias
Tanto el deporte como el rechazo a la violencia sacan lo mejor de nosotros mismos
Isabel Arroyo Sauces
España es un país acostumbrado al debate, a la discrepancia y a las diferencias de opinión. Sin embargo, de vez en cuando surgen acontecimientos capaces de dejar en un segundo plano las ideologías, los territorios o las preferencias personales para generar un sentimiento colectivo compartido. Ocurrió en 1997 con la movilización ciudadana tras el secuestro y asesinato de Miguel Ángel Blanco a manos de ETA y vuelve a apreciarse, desde un contexto completamente distinto, cada vez que la selección de fútbol de España compite en una gran cita internacional. Dos realidades incomparables en su naturaleza, pero unidas por una misma capacidad: hacer que millones de españoles miren en la misma dirección durante unos días.
El espíritu de Miguel Ángel Blanco: una sociedad unida frente al terror

Miguel Ángel Blanco Garrido: Archivo Agencias.
El 10 de julio de 1997, la banda terrorista ETA secuestró a Miguel Ángel Blanco, un joven concejal del Partido Popular en Ermua. Los terroristas habían lanzado un ultimátum al Gobierno: si en 48 horas no trasladaban a todos sus presos al País Vasco, lo asesinarían. A excepción de Herri Batasuna, los demás partidos políticos acordaron no ceder al chantaje de ETA. Lo que ocurrió durante las siguientes 48 horas trascendió rápidamente el ámbito político para convertirse en un acontecimiento que conmocionó a toda la sociedad española. Millones de personas siguieron con angustia el ultimátum lanzado por la organización terrorista y esperaron, con una mezcla de esperanza e impotencia, un desenlace que nunca llegó.
Durante los 90, frente al terrorismo, los ciudadanos de a pie de calle no tenían en cuenta los colores políticos, sino las personas
La respuesta ciudadana fue inmediata. Calles, plazas y ayuntamientos de toda España se llenaron de personas que, independientemente de su ideología, edad o lugar de procedencia, compartían una misma reivindicación: la liberación de Miguel Ángel Blanco y el rechazo a la violencia. Durante aquellos días, las diferencias que habitualmente dividían a la sociedad española quedaron en un segundo plano frente a un sentimiento colectivo mucho más poderoso.

La unión de los españoles contra el terrorismo creó el llamado «espíritu de Ermua»: RTVE.
Tras el asesinato del concejal, las movilizaciones adquirieron una dimensión histórica. Las manifestaciones multitudinarias que recorrieron el país marcaron un antes y un después en la lucha social contra ETA. Por primera vez en mucho tiempo, una parte muy importante de la ciudadanía expresó de forma conjunta que existían valores capaces de situarse por encima de cualquier discrepancia política.
El caso de Miguel Ángel Blanco es uno de los ejemplos más claros de unidad social que ha vivido España en las últimas décadas
Aquel fenómeno pasó a conocerse como el «espíritu de Ermua«, una expresión que simboliza la capacidad de la sociedad española para reaccionar unida ante una situación límite. Más allá de las consecuencias políticas que tuvo aquel momento, el caso de Miguel Ángel Blanco permanece en la memoria colectiva como uno de los ejemplos más claros de unidad social que ha vivido España en las últimas décadas. No porque desaparecieran las diferencias entre los ciudadanos, sino porque durante unos días todos compartieron una misma causa y una misma emoción.
La selección española y el poder del deporte para unir a millones de personas

Selección española: RTVE.
Aunque el deporte nunca puede compararse con acontecimientos de la trascendencia histórica y humana que rodearon el caso de Miguel Ángel Blanco, sí comparte una capacidad singular: la de crear espacios de encuentro entre personas que normalmente discrepan en casi todo. Pocas expresiones colectivas lo reflejan mejor que la selección española cuando afronta una gran competición internacional.
Cuando España juega una Eurocopa o un Mundial, no existen ni las rivalidades deportivas ni las preferencias políticas
Durante buena parte del año, los aficionados viven el fútbol desde identidades muy diferentes. Existen rivalidades deportivas, preferencias políticas, diferencias territoriales e incluso maneras opuestas de entender el propio deporte. Sin embargo, cuando España disputa un Mundial o una Eurocopa, muchas de esas barreras pierden protagonismo. Durante unas semanas, millones de personas comparten una misma ilusión, celebran los mismos goles y sufren con los mismos partidos.
Lo más llamativo de este fenómeno es que trasciende el propio resultado deportivo. La selección se convierte en un punto de encuentro capaz de reunir frente a una pantalla a personas de generaciones, ideologías y lugares muy distintos. El deporte crea así un lenguaje común que no exige estar de acuerdo en todo, sino compartir una emoción colectiva durante un tiempo determinado.

Manolo el del Bombo entre la afición española: Agencias.
España ya experimentó algo parecido durante la etapa más exitosa de su historia futbolística, entre 2008 y 2012. Las victorias en las Eurocopas y el Mundial de Sudáfrica generaron celebraciones multitudinarias en todo el país y dejaron imágenes difíciles de imaginar en cualquier otro contexto. Eran tiempos de crisis económica, pero la selección vivía su edad dorada y consiguió que los españoles se sintieran orgullosos de lo que son. Más allá de los títulos, aquellas competiciones demostraron que el deporte puede actuar como un raro elemento de cohesión social en una sociedad habitualmente marcada por el debate y la diversidad de opiniones.
En tiempos de polarización permanente, tanto el espíritu de Ermua como el apoyo incondicional a la Roja dan una lección mucho más valiosa de lo que a priori parece
Por supuesto, la unidad que genera el fútbol es temporal y emocional, muy distinta de la que surge ante acontecimientos que afectan a los valores fundamentales de una sociedad. Sin embargo, precisamente ahí reside el paralelismo de este «Versus». Tanto el espíritu de Ermua como el seguimiento de la selección española muestran que, pese a todas sus diferencias, los españoles siguen siendo capaces de encontrar causas, emociones o símbolos que los hagan sentirse parte de algo común. Y en tiempos de polarización permanente, esa quizá sea una lección más valiosa de lo que parece.
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