27 Mar Como en el Real Madrid, pero en la Soledad: lo que cambia cuando llegas después
Isabel Arroyo Sauces
Hay cosas que no se aprenden, se viven desde dentro. Crecer formando parte de una hermandad significa asumir como propio algo que, con el tiempo, deja de ser sólo una tradición para convertirse en identidad. Por eso, cuando llega el momento en el que otros se incorporan después —como ocurrió en 2020— la experiencia no es la misma. No mejor ni peor, pero sí distinta. Y esa diferencia, aunque a veces sea difícil de explicar, se siente. De hecho, es mucho más fácil explicar qué tienen en común la hermandad de la Soledad de Santaella con el Real Madrid Femenino.
Crecer dentro: lo que no se puede aprender después
Para quien todavía no me conozca, yo soy de un pequeño pueblecito de la provincia de Córdoba llamado Santaella. Como en toda Andalucía en general, la Semana Santa es una de las fiestas más importantes del año y está llena de tradiciones. Las procesiones salen a la calle seguidas de su banda, sus nazarenos y, en ocasiones, sus mantillas. ¿Y quién forma parte de cada hermandad? En su momento, cada una de ellas las fundaron unas cuantas personas y, por norma general, el sentimiento por la hermandad se transmite de generación en generación. En numerosas ocasiones, son los padres los que apuntan a sus hijos cuando nacen y los visten de nazarenos incluso de bebés.
En mi caso, mi abuelo materno fue uno de los primeros miembros de la hermandad de la Soledad y esa devoción se la transmitió a sus hijos. Mi tío tiró más para Jesús Nazareno y su descendencia también. En cambio, mi tía y mi madre tiraron para la Virgen que sacaba mi abuelo. En otras ocasiones, he contado que fue mi madre la que me transmitió la pasión por el Real Madrid. Pues bien, igual que con el fútbol, de ella también heredé la devoción por la Soledad. No me queda claro si la hermandad empezó con esta norma o fue posterior a su fundación, pero el caso es que durante mucho tiempo, sólo admitían nazarenos, nada de nazarenas. Si una mujer quería vestirse de la Soledad, tenía que hacerlo como mantilla. Casualidades de la vida, las mujeres fueron admitidas como hermanas de túnica a partir de 2020, mismo año en el que nació el Real Madrid Femenino.
Más allá del machismo y el feminismo, admitir en la hermandad sólo a hombres estaba lleno de inconvenientes
Tras escribir las líneas anteriores, lo más normal es que salten las alarmas del machismo. Sin embargo, salvo que vivas de ideología (que no es mi caso), ni el concepto de machismo ni el de feminismo resuelven nada. No es factible cambiar las normas para que no te llamen machista: hay que cambiarlas con argumentos convincentes y prácticos. Por ejemplo, a ninguna hermandad de Semana Santa le sobra el dinero, por tanto, cualquier hermano que vaya a ser formal pagando debería ser bienvenido. En la Soledad, un hermano de túnica paga 80 euros y una mantilla, 20. Una nazarena va a pagar igual que un nazareno, es decir, a nivel económico, compensa tener hermanas.
A nivel económico, a todas las hermandades les sale más rentable tener en sus filas hombres y mujeres
Por otra parte, las familias de hoy en día tampoco tienen la mentalidad de antaño, así que educan a sus hijos e hijas en igualdad de condiciones. La desigualdad llegaba a la hora de celebrar la Semana Santa, donde el hijo se vestía de la Soledad con su padre mientras la hija se quedaba llorando preguntando por qué su hermano sí se podía vestir de nazareno y ella no. Y claro, para un padre de familia que quiere a todos sus vástagos por igual era partírsele el alma. Los tiempos cambian y las normas también. Es por eso por lo que la hermandad de la Soledad en 2019 aprobó la entrada de las hermanas de túnica a partir de 2020. Evidentemente, en aquel año estábamos en pandemia y no pudimos salir, pero en la práctica, ya podíamos ser hermanas. Hubo mujeres devotas de la Soledad que se negaron a vestirse. No las juzgo: todas las decisiones personales son más que respetables.
Mi experiencia como hermana de túnica de la Soledad

Como diría una canción de Alejandro Sanz, mi Soledad y yo: Ravelo.
Lo cierto es que cuando me enteré de la noticia de que ya me podía vestir de la Soledad, me dio pereza apuntarme. Además, la procesión no salió ni en 2020 ni en 2021. En 2022 sí que salió a la calle, pero con tan mala suerte de que fue precisamente en Semana Santa cuando pasé el covid y no pude salir. En 2023 sí que salí a ver todas las procesiones, pero poco después, me extirparon un tumor maligno en el ovario y no me quedó más remedio que pasar por un proceso de quimioterapia. Cuando pasas por una etapa tan dura, tu forma de ver las cosas cambia mucho. Es por eso por lo que cuando me quedé libre de bichos malignos, quise cumplir deseos que tuve alguna vez en el pasado. Uno de ellos era vestirme de nazareno en la Soledad. Además, también le quise dar ese gusto a mi abuelo, que en paz descanse.
Vestirme de nazareno en la Soledad es una experiencia increíble, pero me habría encantado poderlo sentir desde la infancia
Hacer una estación de penitencia siempre es duro y sacrificado. Sólo lo haces porque tu fe mueve montañas. ¿Merece la pena? Para mí sí, ha sido una experiencia increíble y saldré en procesión todos los años en los que me sea posible. Sin embargo, me queda una espina: Me habría encantado que mis padres hubieran podido apuntarme a la hermandad cuando nací, me habría encantado poder vivirlo de pequeña. Suerte la de las niñas de ahora, que pueden vestirse de la Soledad desde el minuto uno.
Cuando llegar no es lo mismo que haber estado siempre

El Real Madrid Femenino celebrando un gol: Real Madrid.
Algo parecido ocurre también en otros ámbitos, incluso en el deporte. El nacimiento del Real Madrid Femenino en 2020 supuso la llegada de nuevas jugadoras a un club con una historia centenaria, pero al que ellas no habían pertenecido hasta entonces. No es una cuestión de mérito ni de compromiso, sino de tiempo vivido: no es lo mismo incorporarse a algo ya construido que haber crecido dentro de él, entender sus códigos sin que nadie tenga que explicarlos y sentirlos como propios desde siempre.
¿Habrán tenido las jugadoras del Real Madrid que son madridistas desde pequeñas una experiencia similar a la mía con la Virgen de la Soledad?
Por supuesto, dentro del Real Madrid hay muchas jugadoras que ya llevaban al Real Madrid en el corazón desde pequeñas. Muchas crecieron sabiendo que de mayores querían ser futbolistas, pero tenían que conformarse con defender los colores de otro equipo porque el Real Madrid Femenino no existía. No sé si alguna de esas jugadoras le habrá quedado la espina o la duda de cómo habría sido su vida si desde pequeña hubiera podido luchar por entrar a la cantera de un Real Madrid real.
Qué envidia me dan aquellos que llevan tantas procesiones en la memoria
Por eso, cuando llega el Viernes Santo, no todo se reduce a una túnica, un recorrido o una tradición que se repite cada año. Para algunos es también memoria, tiempo vivido y una forma de pertenecer que no se puede improvisar. Porque hay cosas que se aprenden, sí, pero otras sólo se entienden cuando has estado siempre ahí, incluso antes de saber que algún día tendrían tanto significado. Qué envidia me dan aquellos que lo han podido vivir.
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